30 dic. 2013

Juan Sánchez: "Alejar a las bibliotecas de las claves de la construcción pública sería un error"


[...] Tal vez pueda aplicarse a las bibliotecas la clásica frase proverbial de que ”Los árboles no dejan ver el bosque”; yo añadiría que los “árboles tecnológicos”, muy importante sin duda en la biblioteca, tal vez escondan el valor esencial de la biblioteca pública. Este centro es la puerta democrática de acceso a la información y la cultura para el conjunto de la sociedad, para todos los ciudadanos, sin brecha digital. Desde hace años, y aún hoy, muchos políticos justifican su poco apoyo a los servicios públicos de biblioteca en el desarrollo de las nuevas tecnologías, en el uso de Internet. Pero ese planteamiento es falso: la biblioteca pública no sólo contiene colecciones, en papel o digitales, u ofrece acceso a la información a través de sus recursos. La biblioteca es, de forma natural, el centro de la comunidad local: lugar de encuentros, de debate, de formación, de educación permanente, de actividad cultural, también de creación cultural…

La UNESCO, en sus sucesivos manifiestos de la biblioteca pública ofrece muy bien las claves de lo que es este servicio público y de la obligatoriedad de los distintos gobiernos en todos los ámbitos de las administraciones públicas de apoyar y financiar estos centros. Las bibliotecas (pequeñas, medianas o grandes) tienen una característica que parece absurdo tener que reiterar, pero que es necesario: tienen profesionales, necesitan profesionales. Aunque parezca una verdad de Perogrullo: no hay biblioteca sin bibliotecario, porque el bibliotecario es el corazón de la biblioteca.

Un bibliotecario no es sólo un mediador de la información, es un profesional que conoce las fuentes de la información y las pone a disposición de los ciudadanos; pero también diseña proyectos culturales; y también es un dinamizador cultural en la comunidad que entra en contacto con otros centros, con otros especialistas, con los ciudadanos… Sigue siendo una fortaleza de las bibliotecas públicas el carácter gratuito de sus servicios, que hace que el acceso no tenga límites, que no haya barreras. No me gustan los escritores que no apoyan a la biblioteca pública: se creen autosuficientes, sin necesitar nada, olvidando que hay muchos sectores de la sociedad que sólo podrán acceder a sus obras y a los recursos informativos o culturales de todo tipo a través de una biblioteca o, aún más, de una red de bibliotecas públicas. La biblioteca pública tiene una grandeza democrática que la convierte en un servicio público esencial, tanto como un centro sanitario o un centro docente. Vivimos en una sociedad en crisis, no sólo económica sino de valores, también de valores democráticos, de tolerancia, de respeto, de búsqueda de la verdad entre todos; y la biblioteca pública tiene unas funciones esenciales en la construcción de la sociedad porque las tiene propiamente en la formación integral de los ciudadanos. [...]

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